Cuerpo en estado de alerta: cuando sigues diciendo «puedo con todo»
«No pasa nada. Ya descansaré luego.»
¿Cuántas veces te lo has dicho? Termino esto y descanso. Cuando pase esta semana, cuando entregue aquello, cuando solucione lo otro, cuando todo esté un poquito más tranquilo… entonces paro. Y quizá no te hayas dado cuenta de que llevas tanto tiempo funcionando así que tu cuerpo permanece en estado de alerta incluso cuando ya podrías descansar.
Y mientras tanto sigues. Porque puedes. Porque siempre has podido. Porque hay cosas que hacer y personas que cuentan contigo. Y porque, en el fondo, quizá te has acostumbrado tanto a tirar hacia delante que ya ni siquiera te planteas otra manera de hacerlo.
El problema es que ese «luego» tiene una curiosa facilidad para no llegar nunca.
Puedes con todo. Pero… ¿a qué precio?
Creo que durante mucho tiempo hemos convertido el «yo puedo» en una especie de medalla. Puedo trabajar aunque haya dormido mal. Puedo ocuparme de esto también. Puedo resolverlo yo. Puedo esperar un poco más para descansar. Puedo seguir aunque hoy no tenga demasiadas ganas.
Y sí. Claro que puedes.
Pero últimamente me interesa mucho más otra pregunta: ¿cuánto tiempo llevas pudiendo con todo sin preguntarte cuánto te está costando?
Porque no siempre llegamos a un punto en el que el cuerpo nos obliga a parar. Muchas veces seguimos haciendo nuestra vida perfectamente. Solo que estamos más cansadas. Tenemos menos paciencia. Nos cuesta concentrarnos. Dormimos, pero nos levantamos como si la noche hubiera pasado demasiado deprisa. Nos sentamos un rato y, en lugar de descansar, empezamos mentalmente con la lista de mañana.
Y como seguimos funcionando, pensamos que todo está bien.
Precisamente en el artículo anterior hablábamos de bienestar integral y te proponía una pregunta muy sencilla: «¿Cómo estás de verdad?». Quizá al hacértela no hayas pensado que estás mal. Quizá la respuesta haya sido algo mucho más difícil de explicar:
«Estoy cansada de estar siempre pendiente de todo.»
Cuando por fin puedes parar… y descubres que no sabes hacerlo
Esta sensación me parece especialmente curiosa. Llevas toda la semana deseando tener un rato para ti y, cuando por fin llega, no sabes muy bien qué hacer con él.
Te sientas en el sofá y recuerdas algo pendiente. Sales a dar un paseo y vas repasando conversaciones. Te metes en la cama agotada y justo entonces tu cabeza decide analizar el día entero. Incluso puedes llegar a sentir cierta incomodidad cuando no estás haciendo nada, como si descansar necesitara también una justificación.
De eso hablábamos precisamente en El arte de no hacer nada sin sentir culpa. Porque una cosa es tener tiempo para descansar y otra muy distinta conseguir sentir que realmente podemos hacerlo.
Quizá descansar no sea solamente parar el cuerpo. Quizá también necesitemos que nuestro interior comprenda que, durante un rato, ya puede dejar de correr.
¿Qué significa tener el cuerpo en estado de alerta?
Quiero detenerme un momento aquí porque últimamente escuchamos muchísimo expresiones como «vivir en modo supervivencia», «tener el sistema nervioso desregulado» o «estar permanentemente en alerta». Y creo que debemos utilizarlas con cuidado.
Nuestro organismo está preparado para responder ante situaciones que percibimos como difíciles, exigentes o amenazantes. El estrés forma parte de esa respuesta humana natural y puede ayudarnos a afrontar determinados retos. El problema aparece cuando la tensión es excesiva o se mantiene y empieza a afectar a nuestro bienestar. La propia Organización Mundial de la Salud explica que el estrés afecta tanto a la mente como al cuerpo y que, entre otras cosas, puede dificultar que nos relajemos, concentrarnos o dormir bien. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Eso no significa que si hoy estás agotada o has dormido mal tengas un problema de salud ni que podamos diagnosticar un cuerpo en estado de alerta por reconocernos en una lista de síntomas de Internet. Cada persona responde de una manera diferente y, si algo persiste, empeora o interfiere de forma importante en tu vida, merece ser consultado con un profesional sanitario.
Lo que sí podemos hacer es empezar a prestar atención a algo mucho más cotidiano: ¿me resulta fácil bajar el ritmo cuando ya no necesito seguir corriendo?
Tu cuerpo no es el enemigo que tienes que controlar
A veces hablamos de nuestro cuerpo como si fuera esa parte incómoda que nos estropea los planes. Justo hoy me duele la cabeza. Justo ahora estoy agotada. Justo cuando tengo mil cosas que hacer necesito dormir más.
Pero quizá podamos darle la vuelta, especialmente cuando llevamos demasiado tiempo con el cuerpo en estado de alerta
Tu cuerpo lleva contigo todos esos días en los que has dicho «un poquito más». Ha sostenido las prisas, las noches cortas, las preocupaciones, las alegrías, los cambios, las responsabilidades y también esos momentos en los que no has podido elegir bajar el ritmo porque la vida sencillamente no te lo permitía.
No creo que necesitemos vivir pendientes de cada sensación. Pero tampoco me parece justo escucharnos solamente cuando ya no podemos más.
Entre ignorar nuestro cuerpo y vivir obsesionadas con él existe un lugar mucho más amable: prestarle atención.
Bajar el ritmo no significa abandonar tu vida
Y aquí aparece otra de esas trampas en las que es muy fácil caer: pensar que cuidarnos exige cambiar nuestra vida entera.
No siempre podemos eliminar responsabilidades. No siempre podemos trabajar menos. No podemos evitar todos los problemas ni vivir permanentemente de vacaciones. Y tampoco creo que ese deba ser el objetivo.
Cuando hablábamos de volver a la rutina sin volver a perderte por el camino, precisamente hablábamos de conservar pequeñas cosas que nos hacen bien dentro de la vida real.
Quizá bajar el ritmo sea dejar el teléfono mientras tomas el café. Caminar veinte minutos. Decir hoy no puedo. No contestar ese mensaje inmediatamente. Comer sentada. Respirar antes de entrar en casa. Pedir ayuda. Acostarte antes alguna noche. O simplemente reconocer que estás cansada sin empezar inmediatamente a juzgarte por ello.
Son cosas pequeñas. Pero me interesan precisamente por eso: porque pueden caber en un martes cualquiera.
No todo tiene que esperar a que «ya no puedas más»
Quizá esta sea la parte que más me gustaría que te llevaras hoy.
No necesitas llegar al límite ni mantener el cuerpo en estado de alerta para darte permiso para descansar. No necesitas estar completamente agotada para reconocer que llevas demasiado tiempo exigiéndote. Y tampoco necesitas justificar ante nadie que hoy prefieres ir un poquito más despacio.
Durante mucho tiempo hemos admirado nuestra capacidad para resistir. Y la resistencia es maravillosa cuando la necesitamos. Pero quizá también podamos empezar a valorar nuestra capacidad para darnos cuenta de cuándo ya no hace falta seguir apretando los dientes.
🪽 Poder con todo no significa que tengas que poder con todo, todo el tiempo.
🌿 Antes de terminar… quizá también te preguntes
🌿 ¿Por qué me cuesta relajarme aunque esté cansada?
Puede haber muchas razones. Las preocupaciones, un ritmo exigente, determinados hábitos o el propio estrés pueden hacer que resulte más difícil desconectar. Que te ocurra puntualmente no significa que exista un problema. Si esa dificultad se mantiene o afecta de forma importante a tu descanso y a tu vida diaria, es recomendable consultarlo con un profesional sanitario.
🪽 ¿Qué significa que el cuerpo esté en estado de alerta?
Nuestro cuerpo dispone de respuestas naturales que nos ayudan a reaccionar ante situaciones exigentes o que percibimos como amenazantes. Hablar de «estado de alerta» puede ayudarnos a entender esa experiencia, pero no debería utilizarse como un diagnóstico ni como una etiqueta para interpretar cualquier sensación de cansancio o tensión.
🌙 ¿Por qué mi cabeza sigue activa cuando intento descansar?
Después de un día lleno de estímulos, preocupaciones o asuntos pendientes no siempre pasamos de la actividad al descanso de manera inmediata. Crear pequeños momentos de transición puede ayudarnos, aunque si los pensamientos o las dificultades para dormir son persistentes conviene buscar orientación profesional.
✨ ¿Bajar el ritmo significa dejar de hacer cosas?
No necesariamente. A veces significa hacer lo mismo de otra manera, introducir pequeñas pausas, revisar alguna exigencia o reconocer que no todo necesita resolverse inmediatamente. Cada persona tendrá que descubrir qué puede ajustar dentro de su propia realidad.
Hoy no quiero dejarte una lista de cosas que deberías cambiar. Prefiero que te lleves una pregunta.
La próxima vez que estés cansada, que alguien necesite algo de ti o que vuelvas a decirte casi automáticamente «no pasa nada, yo puedo», prueba a detenerte un segundo antes de seguir.
Sí, puedo.
Pero… ¿necesito hacerlo así?
Quizá la respuesta siga siendo sí. Hay días en los que toca tirar hacia delante.
Pero quizá alguna vez descubras que es no.
Y entonces, en lugar de esperar otra vez a ese famoso «luego», puedes regalarte un poquito de espacio ahora.
También eso es cuidarte.
Silvia Cortés
Rayos Angelicales 🪽
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