Volver a la rutina después del verano tiene algo curioso: casi todo vuelve a ponerse en marcha al mismo tiempo.
Suena otra vez el despertador. Regresan los horarios, los mensajes pendientes, las responsabilidades, las agendas y esa sensación de que los días empiezan a correr un poquito más deprisa.
Y casi sin darnos cuenta, volvemos a la rutina.
Pero hay una pregunta que quizá merezca la pena hacernos antes de regresar del todo:
¿Tenemos que volver también a todo aquello de lo que necesitábamos descansar?
Hace poco hablábamos de el arte de no hacer nada sin sentir culpa . De permitirnos parar, respirar y dejar de sentir que cada minuto tiene que ser útil.
Pero quizá el verdadero reto no esté solamente en aprender a descansar durante las vacaciones.
Quizá esté en conseguir que algo de esa calma nos acompañe cuando volvemos a casa.
Volver a la rutina no significa volver exactamente al mismo lugar
A veces pensamos en septiembre como si alguien pulsara un botón.
Se acabaron las vacaciones.
Volvemos.
Y todo debe seguir exactamente donde lo dejamos.
Pero tú no eres exactamente la misma persona que se marchó.
Puede que durante estos días hayas dormido un poco más. Que hayas paseado sin mirar tanto la hora. Que hayas leído. Que hayas hablado tranquilamente con alguien. Que hayas pasado más tiempo al aire libre o que simplemente hayas tenido algunos momentos en los que nadie esperaba nada de ti.
Incluso puede que hayas descubierto lo agradable que resulta no tener que llenar cada hueco del día.
Cuando escribía sobre desconectar en verano para volver a ti , la invitación no era únicamente para los días de vacaciones.
Porque volver a ti no debería tener fecha de caducidad.
Quizá el verano te haya dejado alguna pista
No estoy hablando de grandes revelaciones.
Muchas veces las pistas importantes llegan escondidas en cosas muy pequeñas.
Quizá te sentó bien caminar por las mañanas.
O desayunar sin mirar el móvil.
Quizá descubriste que necesitabas dormir un poco más de lo que pensabas.
Que estar cerca del mar, del campo o simplemente al aire libre te hacía sentir diferente.
Que hablar con alguien sin prisas te sentaba bien.
O que algunos días no necesitabas hacer absolutamente nada especial para sentir que habían valido la pena.
Son detalles.
Pero precisamente ahí puede empezar algo importante.
🌿 Quizá cuidarte no empiece haciendo más cosas.
Quizá empiece prestando atención a aquello que ya sabes que te hace bien.
Lo difícil no es saber qué nos hace bien
Muchas veces sabemos perfectamente lo que nos ayuda.
Sabemos que necesitamos mover el cuerpo.
Sabemos que dormir bien cambia nuestro día.
Sabemos que necesitamos comer con algo más de calma, salir al aire libre, desconectar de vez en cuando o dejar de llenar cada minuto de obligaciones.
El problema es que, cuando vuelve la vida real, todas esas pequeñas cosas suelen ser las primeras en desaparecer.
Primero hacemos lo urgente.
Después lo importante.
Y si queda tiempo… nos cuidamos.
Pero casi nunca queda.
Por eso creo que quizá tengamos que empezar a mirar el bienestar desde otro lugar.
No como algo que hacemos únicamente cuando tenemos tiempo libre.
Sino como algo que necesita encontrar un pequeño espacio dentro de nuestra vida cotidiana.
No necesitas llevarte todo contigo
Y aquí viene una parte importante.
No quiero que septiembre se convierta en otra lista.
Caminar todos los días.
Meditar.
Comer perfecto.
Leer.
Beber dos litros de agua.
Hacer ejercicio.
Escribir un diario.
Respirar.
Dormir ocho horas.
Organizar la casa.
Y además, por supuesto, hacerlo todo con una sonrisa.
Solo de escribirlo ya me he cansado.
😄
Volver a la rutina no debería significar sustituir las obligaciones antiguas por una nueva lista de cosas que supuestamente tenemos que hacer para estar bien.
A veces basta con elegir una.
Una pequeña cosa que quieras conservar.
Tal vez caminar veinte minutos.
Tal vez desayunar sin teléfono.
Tal vez sentarte cinco minutos antes de empezar el día.
O aprender a reconocer cuándo necesitas parar.
Construir bienestar también ocurre en los días normales
Para mí, aprender a volver a la rutina sin dejar nuestro bienestar para después es cada vez más importante.
El bienestar no puede depender únicamente de tener una semana libre, estar de vacaciones o disponer de dos horas para nosotros.
Porque la mayor parte de nuestra vida ocurre precisamente en los días normales.
Un martes cualquiera.
Una mañana con trabajo.
Una tarde con recados.
Una semana en la que todo parece acumularse.
Y quizá ahí esté uno de los grandes aprendizajes:
Construir bienestar no consiste en crear una vida perfecta.
Consiste en encontrar pequeñas formas de cuidarte dentro de la vida que realmente tienes.
No siempre será igual.
Habrá épocas en las que puedas hacer más y otras en las que simplemente necesites sostener lo básico.
Y está bien.
Porque quizá no se trate de cumplir una rutina.
Quizá se trate de aprender a escucharnos lo suficiente como para saber qué necesitamos en cada momento.
Antes de volver del todo…
No voy a proponerte ningún ejercicio complicado.
Solo quiero dejarte una pregunta.
✨ ¿Qué pequeña cosa que te ha hecho bien este verano no quieres volver a perder?
No hace falta que sean cinco.
Ni tres.
Una puede ser suficiente.
Porque quizá volver a la rutina no consista únicamente en recuperar horarios.
Quizá también pueda ser una oportunidad para decidir qué quieres llevar contigo a esta nueva etapa.
🌿 Antes de seguir… quizá también te preguntes
🌿 ¿Por qué cuesta tanto volver a la rutina después de las vacaciones?
Porque durante unos días hemos vivido con otros ritmos, menos horarios o menos obligaciones. Volver necesita un pequeño periodo de adaptación. No hace falta exigirnos estar al cien por cien desde el primer día.
🌊 ¿Cómo puedo conservar la calma cuando vuelven las obligaciones?
No necesitas conservar toda la calma de las vacaciones. Quizá puedas proteger un pequeño momento del día: un paseo, un desayuno tranquilo, unos minutos sin móvil o simplemente un espacio en el que no tengas que correr.
☀️ ¿Tengo que cambiar mis hábitos al volver de vacaciones?
No necesariamente. Antes de añadir cosas nuevas, puede ser más interesante observar cuáles de tus hábitos actuales te ayudan y cuáles te dejan agotada. A veces el primer cambio consiste simplemente en conservar algo que ya sabes que te hace bien.
✨ ¿Qué puedo hacer si siento que vuelvo directamente a las prisas?
Empieza pequeño. No necesitas reorganizar toda tu vida. Pregúntate qué puedes proteger hoy: diez minutos, un paseo, una comida tranquila o una pausa antes de continuar. Lo pequeño también cuenta.
Este septiembre quiero que sigamos haciéndonos preguntas.
No para encontrar una fórmula perfecta, sino para empezar a observar algo mucho más interesante: cómo estamos realmente cuando miramos nuestra vida como un conjunto.
De eso hablaremos en nuestro próximo encuentro. 🪽
Un abrazo,
Silvia Cortés
Rayos Angelicales
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